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El truco de los profesionales es la técnica del "doble colorete". Aplica primero una base de colorete en crema o líquido sobre la piel y, tras sellar el rostro con polvos traslúcidos, refuerza la zona aplicando encima una capa ligera de colorete en polvo del mismo tono. Esto fija el pigmento por horas.
Para un efecto lifting o estilizado, aplica el colorete en la parte alta de los pómulos y difumínalo hacia las sienes. Si buscas un efecto juvenil y natural (como besada por el sol), aplícalo en las manzanas de las mejillas (la zona que sobresale al sonreír) y da un ligero toque sobre el puente de la nariz.
Depende de tu tipo de piel y el acabado que busques. El colorete en polvo es ideal para pieles mixtas o grasas por su efecto matificante y larga duración. El colorete en crema o barra es perfecto para pieles secas o maduras, ya que aporta hidratación y un acabado jugoso. El colorete líquido ofrece una altísima pigmentación y una duración insuperable en cualquier tipo de piel.
Para pieles claras, los tonos rosados suaves, melocotón y pasteles aportan un rubor natural. Las pieles medianas o cetrinas destacan con tonos coral, rosa viejo y ámbar. Para pieles oscuras, los coloretes en tonos terracota, fucsia intenso, bronce y tonos rojizos o vino aportan una definición espectacular.